
Sin embargo, ninguna con la exclusividad de éste: sólo se construirán 75 unidades y cada una cuesta 900.000 euros. Los autos comenzaron a fabricarse en junio y los últimos, pero siempre afortunados, dueños los recibirán en el mes de diciembre.
Ya bien acoplados, la primera sensación es que, al no existir parabrisas ni tampoco techo, las fronteras entre el exterior y el interior se diluyen. Al mismo tiempo, la conducción resulta especialmente aireada. Por debajo de los 120 km/h todavía se puede conducir solamente con lentes de sol, pero por encima es aconsejable disponer también de una visera robusta y segura.
En el habitáculo reina el lujo como resultado de una simbiosis perfecta entre piel, aluminio y fibra de carbono. La instrumentación, de fondo negro y números blancos, está orientada hacia el conductor. Éste puede comenzar la marcha tras apretar el botón «Start», colocado en las inmediaciones del selector de velocidades. En el túnel de transmisión hay una chapa metálica (con la firma de Stirling Moss) que subraya la exclusividad de este automóvil.
La aceleración hace bueno aquel dicho de Lucky Luke «más rápido que su propia sombra», el robusto pero no intrusivo sonido del motor rellena los tímpanos, al mismo tiempo que la estabilidad de la carrocería y su resistencia a moverse sin permiso del chasis rozan lo inverosímil.
Es evidente la mejora en la suspensión delantera y en la respuesta de la dirección frente al SLR convencional, lo que aumenta la confianza de quien conduce, porque el Stirling Moss se muestra más ágil y «comunicativo».
El sistema de frenada es todo lo dramático que exigen una velocidad máxima de 350 km/h o la aceleración de 0 a 100 km/h en tan sólo 3,5 segundos. Las cuatro ruedas cuentan con frenos de carbono y cerámica que logran alcanzar una desaceleración máxima de 1,3 G (1,3 veces la fuerza de la gravedad).
Además, para que el auto se detenga en el menor espacio posible, los expertos en aerodinámica han creado también un «freno de aire». Es decir, un spoiler trasero que se eleva automáticamente a partir de los 120 km/h o si se pisa el pedal del freno de forma contundente. En este caso, para compensar la transferencia de masas hacia la parte delantera del vehículo, de manera que se pueda mantener el equilibrio del auto. Existen igualmente unas aletillas que, eléctricamente, tapan parcialmente la refrigeración de los frenos, pero se abren cuando se pisa el acelerador.
La carrocería esta construida de forma integral en fibra de carbono, un material utilizado en los modelos de competición más sofisticados debido a sus características excepcionales de resistencia a los impactos (4 a 5 veces superior a la del acero o del aluminio) y a su ligereza (pesa cerca de un 50% menos que el acero).
La utilización de estos materiales explica que el peso sea 220 kilos inferior al del roadster SLR, objetivo posible también porque en el Stirling Moss no existen montantes del parabrisas (ni parabrisas), tampoco capota y su respectivo mecanismo, radio o teléfono... ni siquiera regulación eléctrica para los exquisitos asientos, tapizados en piel.
Herencia de la Fórmula 1
Justo detrás de la cabeza, las dos grandes jorobas, además de establecer una conexión visual con el 300 SLR de los años 50, sirven de protección en caso de vuelco.
Bajo la piel, el chasis (en aluminio) recoge las mejores enseñanzas de McLaren a lo largo de décadas de participación en la Fórmula 1: así ocurre con el fondo plano o los dobles triángulos superpuestos que conforman las suspensiones. En éstas, los elementos inferiores se han dispuesto de tal manera que las ruedas tengan una caída negativa siempre que los muelles se comprimen o en curvas a alta velocidad, lo que asegura un mejor contacto con el asfalto en cualquier situación de conducción.
El corazón del SLR Stirling Moss es el conocido motor gasolina V8 turbo de 5,4 litros de cilindrada y montado en posición central, detrás del eje delantero. Trabaja con una presión máxima de sobrealimentación de 0,9 bares y dispone de dos permutadores de aire de alto rendimiento (el aire frío es más denso que el aire caliente y tiene más oxígeno, esencial para una combustión más eficiente). Sus montantes en aluminio son la única parte de la estructura del Stirling Moss que no está hecha en fibra de carbono.
Del éxito a la tragedia
Este propulsor lo fabrica manualmente la división AMG y Mercedes lo monta también en algunas variantes del SL y en el SLR. Sin embargo, con esta configuración superlativa -con 650 caballos de potencia y un par máximo de 820 Nm- sólo existía en el SLR 722 S. Esta versión, que ya no se produce, se desarrolló en homenaje al 300 SLR con que Sir Stirling Moss ganó la Mille Miglia del año 1955 y que llevaba el dorsal 722 en referencia a la hora y minutos a los que tomó la salida.
Curiosamente, apenas dos semanas después de que Moss ganara esta carrera en mayo de 1955, el Mercedes SLR 300 nº 20 de Pierre Levegh salía volando contra la tribuna de espectadores de la recta durante la celebración de las 24 Horas de Le Mans. Murieron 86 personas y Mercedes se retiró de la competición, a la que no retornó hasta los años 80. Eso hizo que sólo se fabricaran ocho unidades del SLR 300. La de mayor pedigrí ha sido valorada en 30 millones de euros.
